domingo, 23 de marzo de 2014

Lo peor que puede pasar...

Lo peor que te puede pasar, es olvidar a alguien con quien
nunca has compartido momentos.
Alguien con quien únicamente has coincidido en sueños.
Alguien a quien le has dedicado sólo silencios.
Y si, lo peor es volver a tropezar donde siempre,
porque ya no sabes levantarte en otro sitio.
Porque lo peor que nos puede pasar es que nos pase de todo,
menos alguien.
Que cerremos los ojos y no sea para ver de nuevo a alguna persona.
Que se nos vuelvan crónicas las ojeras, y olvidemos aquello
que nos desvelaba por las noches.
Y es que las ojeras también duelen y soñar despierto es otra forma
de tener pesadillas.
Que seamos una inercia más de la catástrofe, y no sepamos ni dónde,
ni cuándo, ni llamar al timbre o abrir la puerta.
Ni volver a sonreír sin motivos.
Y mantenerse en pie, pese a todo.
Hablamos del tiempo.
Hablamos de cosas sin importancia.
Ojalá algún día deje de trasnocharnos la esperanza.


Cuanto más vivo...

“Cuanto más vivo más aprendo, y cuanto más aprendo más me doy cuenta de lo poco que sé”
Esta es una frase que me encanta, porque me parece muy cierta, y me recuerda que siempre hay muchas cosas que aprender en la vida, si quieres. “La información es poder”. Exacto, creo que hoy día saber cosas es muy importante. Cuando sea un mayor me gustaría saber un poco de todo, poder conocer el mundo un poco mejor, entender los puntos de vista de distintas personas; no quiero enfocar los problemas desde un solo ángulo, porque la vida es en 3D y está hecha para mirar en perspectiva. De esos conocimientos que quiero adquirir sé que probablemente muchos sean gracias a las personas que me rodean, que a veces hasta inconscientemente me enseñan a pensar a su manera, y ver otras caras de la vida.

Dicen que “Nunca te acostarás sin aprender al menos una cosa nueva”. Estoy segura de que eso es cierto, porque yo cada noche miro atrás y pienso: ¿acaso no he sentido  hoy cosas que no pude otros días? Quizás un gesto de alguien hacia ti, una mirada de complicidad, algo que te haga sentir que estás ahí, que formas parte de la vida de otras personas, que si faltaras alguien te echaría de menos… Y entonces recuerdo las palabras de esas personas en mi mente, personas que me han enseñado tanto y me han dado su tiempo, y les dedico un “gracias” en silencio, esperando que llegue mañana y poder verlas de nuevo.
Sofía
¿Y qué hay de ese momento en el que miras hacia atrás y ves cómo todo ha cambiado?
¿Qué hay de todo eso que viene de frente y no lo puedes parar ni aunque lo desees más que nada en la vida?
¿Qué hay de todo eso que se ha ido?
¿Y de todo eso que ha desaparecido poco a poco, dejándose llevar?
¿Todos esos besos, las bromas, las risas, las mentiras; aunque hicieran daño, aunque dieran alegrías?
¿Esos abrazos que daban calor cuando hacia frío, prometían cuando nadie lo hacía y te hacían volar cuando te hundías hasta el fondo, fondo, donde ni siquiera cogiendo impulso podías salir?
¿Qué hay de esas promesas?
¿De todo eso que pasó y ya no está?
¿Qué hay de todos esos sueños que has tenido cada una de tus noches en vela, que te has despertado en medio de la noche y los has seguido montando según lo que deseabas que ocurriera?
¿Qué hay de todo eso que sabes que no va a ocurrir, pero aún así, intentas que ocurra con todo el amor y el cuidado del mundo?
¿Y todos esos momentos que has visto y has querido vivir?
¿Que hay de eso?
¿Hay algún lugar donde se junte todo?

¿Algún lugar en el que la imaginación sea la vida real y todo lo que quieras se cumpla?

Eli

A propósito de una peli...

Hace poco hemos visto en clase de religión una película titulada “American History X”. Trata sobre el racismo entre blancos y negros. En  un momento dado de la película, un sabio profesor le pregunta a su ex-alumno convicto:
“¿Algo de lo que has hecho ha mejorado tu vida?”
Ha sido escuchar esa frase y ponerme a pensar en ello. Pensar en cuantas de las cosas que he hecho no han servido para nada, pero no creo que estancarnos en el pasado sea lo mejor. Lo que hay que hacer es pensar antes de tomar decisiones, reflexionar, y así no nos arrepentiremos de nada, y la mayoría de lo que hagamos  nos servirá para algo, valdrá para mejorar ese futuro incierto que está por venir.
Pero dicho lo dicho, parece que nunca haya que dejarse llevar. No quiero que se malentienda, así que aclaro: hay momentos en la vida de cada uno, en muchos casos los inolvidables, que no los planeamos, vienen solos. `Es el destino’, dicen algunos; quizás sea eso, pero cuando un amigo te da una sorpresa, cuando acaba el día y piensas: ‘éste ha sido el mejor día de mi vida’, merece la pena haberse dejado llevar.
Y sé que a lo largo de mi vida haré y diré cosas que dañarán a los que me rodean y a mí misma, pero solo espero que haya más en mi lista de sueños hechos realidad, de veces que he conseguido ayudar, de cuantas he hecho sonreír a alguien, pues ese día, sabré que en algún momento fui feliz.
Sofía

Hay ciertas cosas...

Hay ciertas cosas que no deberían existir. Nos hacen sufrir. Estoy segura de que ahora estás pensando en hambre, violencia, enfermedad, pobreza. Yo no opino lo mismo. Yo creo que las cosas buenas no deberían existir.
Quizá no soy la persona más indicada para sacar conclusiones de las cosas, muchas veces me han recomendado que no piense. Me han dicho que no valgo para esto, que es una pérdida de tiempo, que no sacaré nada. Pero como yo no confío en nadie, ya sabes, pasando.
Ahora viene la parte en que te explico por qué las cosas buenas no deberían existir. Y es cierto, sufrimos por su culpa. Es muy sencillo, cuando algo bueno existe y lo ves parece que todo está bien. Pero cuando algo bueno existe, también existe su ausencia. Entonces es cuando la cosa se tuerce. Creo que lo entenderás mejor con un ejemplo.
La felicidad. No está nada bien. No me mires así, vamos, ten paciencia. Una vez que conoces la felicidad empieza a gustarte hasta el punto en que la necesitas. La necesidad es de lo peor. Por eso tampoco debería existir la abundancia. Bueno, el caso es que una vez sientes la necesidad de ser feliz, tío, estás perdido. Porque las cosas buenas no duran para siempre. Las malas a veces sí. Cuando dejes de ser feliz estarás en el lado opuesto, en el de la tristeza y ahí es cuando sufres. Podría resumirse como que cuando conoces lo bueno y luego lo pierdes lo echas de menos. Eso sí que está mal.
La gente suele decir que no deberían existir las cosas malas, pero todos sabemos que eso es imposible. La creación de algo supone la creación de su opuesto, no queda otra. Aunque, ahora que lo pienso, por esta regla de tres nada debería existir. Lo malo es malo y lo bueno también.

Entonces para no sufrir no debemos existir. Nada debe existir.

Carmen

miércoles, 26 de junio de 2013

Tengo ojos para verte...

Tengo ojos para verte,
una boca para besarte,
la vida para quererte
y el corazón para amarte.

Si al amarte voy a verte
si al verte voy a perderte
prefiero amarte sin verte
que verte para perderte.

No tengo dinero
ni plumas de oriente,
pero tengo un corazón
que te querrá siempre.

Si cada vez que pienso en ti
una estrella se apagara
no quedaría en el cielo
ninguna estrella que brillara.

* A algunos hombres los disfraces no los disfrazan, sino los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro. Chesterton.
* A la hora de la verdad, que es la de buscarse a sí mismo en lo objetivo, uno olvida todo y se dispone a no ser fiel más que a su propia sinceridad. Gerardo Diego.
* A la manera que el río hace sus propias riberas, así toda idea legítima hace sus propios caminos y conductos. Ralfh W. Emerson.
* A la república más que orden jurídico ha de importarle la realidad social del orden. Manuel Maura.

Adrián Santos Martínez


Morfeo

Y, entonces, escapa temblorosa hacia el corazón del bosque mirando hacia atrás por si alguna sombra la persigue y llega a rodearla. Sus ojos, todavía perezosos, buscan una salida entre aquel laberinto de ramas caídas por la fuerte tormenta. Se oyen pasos a su alrededor. Aún más asustada por el gruñido de rayos y truenos, intenta seguir un camino abandonado para poder despistarlos. Es justo ahí, en ese mismo momento, donde sus cabellos de ceniza se enredan en uno de los pocos árboles que quedan todavía con vida. Sin pensarlo dos veces, sigue corriendo hasta que nota un insoportable dolor en la sien, y siente cómo su sangre se va deslizando rápidamente por su  cuello. No puede pararse ahora, no puede echar a perder todo lo que ha hecho por salvarse, no puede descansar hasta que no despierte de esta pesadilla, sin duda la peor venganza de Morfeo, de la que recuerda el milagro de sobrevivir de las garras de un sinfín eterno.
Se levanta. Sus ojos temblorosos recuerdan con angustia la huida hacia el bosque. Rápidamente se toca la sien, ahora sudorosa, para comprobar que no hay ningún rastro de sangre. ¿Y si aún está soñando? ¿Y si se ha quedado encerrada en una eterna pesadilla?
Últimamente su vida es una enorme pesadilla, vivir escondida y tener una máscara de la que es imposible poder librarse:
Tengo dos caras, una que muestro al mundo y otra que sólo veo reflejada en el espejo. Siempre moldeándome a cada persona que me encuentra, que se cruza en mi vida. Eso sí que es triste. 
Lo único que desea es que cada noche Morfeo se apodere de ella y que la haga viajar fuera de su nerviosa cabeza. Pero, ahora, ya ni eso. Morfeo cada vez la trata peor, la castiga más por su infidelidad. Haber huido de ti misma no es bueno, nada bueno.  Mi castigo es  el más cruel de los castigos: la soledad. Pero no la soledad de estar sola,  sino la soledad de querer estarlo, de apartarme del resto de la humanidad, de no parar de buscar hasta que me encuentre.

Se acuesta, ya más relajada y con las respiraciones aún entrecortadas cierra los ojos para volver a dejarse atrapar por Morfeo, aunque sea entre terribles pesadillas.

Sara Canteli