miércoles, 21 de noviembre de 2012

Madurez


Al verte aquí a mi lado
me pregunto porque estas
sin decir una palabra.
Te observo y me doy cuenta ya
En ese momento me rio
Y me doy cuenta de lo que tienes que aguantar
Al verte aquí a mi lado,
¿Qué sería de mí si tú no estás?
Te veo salir por la puerta y
Me pregunto si te acordaras
De mí en un futuro
Yo seguro me acordare de tu sonrisa.

Me quedo solo en la habitación pensando,
Que es lo que me está pasando,
Mi mente está cambiando
Es la única explicación que me hago.

Jaime Delgado Rodríguez

Sé y no ten


Para aprender a expresar los sentimientos hay que tenerlos, esos sentimientos radican en nuestras ideas e ideales, y nos producen preocupaciones, esos ideales están en nuestro pensamiento, y ese pensamiento, hoy en día, esta atrofiado, perdido, olvidado, oculto en la mayoría de personas, que sus principales preocupaciones son las necesidades básicas de un animal, pero la culpa quizás, la tenga en mayor parte a esas personas que no les interesa que la gente del mundo real piensen en lo que sucede y el por qué sucede, quizás si nos empezásemos a preguntar eso, ocurriría algo muy grave, una revolución del conocimiento, el poder radica en el conocimiento, ese conocimiento que nos mandan que no descubramos que podemos poseer, el pueblo se empieza a levantar sobre los pilares de la sabiduría, esos pilares que hasta hace nada de tiempo nos tenían vetados y prohibidos como si de un tesoro de oro hablásemos, quizás tenga más valor que el oro y no nos demos cuenta, quizás lo mejor sería saber y no tener.

Jaime Delgado Rodríguez

martes, 20 de noviembre de 2012

Tres poemas...


Oscura soledad

Soledad, que en la oscuridad mata,
dolor inseparable
que a mi alma ata.

Tan vacía, tan vacía
negación de lo que el corazón anhela.
Tan vacía, tan vacía
tú espíritu llena.

¡Oh noche oscura,
en la que la soledad alberga!

Luz oscura que la visión niega,
oscurece tu visión de color llena.
Agridulce sabor que la sangre hiela,
fuego de vela negado que el augurio niega.

Horror profundo y penetrante
haciendo daño en este instante,
terror negro infundado
que con mis entrañas me tiene ahorcado.

Resplandor agudo
enternece mi alma
en un segundo.

Tierna noche,
en la que en la oscuridad abundo,
mundo desasosegado y mudo.

Quisiese ver una sonrisa
esbozada sin prisa,
ver que solamente hay risa
ni ninguna desdicha.

Sin embargo,
con desdén amargo
en la soledad estoy
vacío, es allá a donde voy.



El último latir
Primer latir inicial
cada vez que respiro
se acerca más
el final.

Cada vez que late
el corazón
la bella mujer acecha
sin ninguna razón.

El aire que suspiramos,
muestra del alma
que lentamente
matamos.

Cada rojo movimiento
nos acerca
tristemente
al final del momento.

Cada segundo que pasa
el mecanismo
se oxida
y se atrasa.

El hombre vive
sin vivir,
sin conciencia
de lo que pasa.

Y pensar,
que lo que nos pone en marcha
se apaga, y nos acerca
a la negra marcha.

Cada latir más
es un latir menos,
quien lo pensara
en estos momentos.

cada respiro más
es un respiro menos,
quien lo pensara
al menos.



Somos historia

A Dios le pido
no perecer en el olvido.

Ser más que el latido que soy
sucesos, acontecimientos, historia soy.

Ser más que la inexistencia del hoy
por caminos, lugares, parajes voy.

Ser más que un ser y un estar
el alma, la magia, la herida que se debe mostrar.

Ser más que un hombre,
un poco más que un hombre.

Ser más que el latido que soy
sucesos, acontecimientos, historia soy.


Sergio Trapiella



Mi niña...


Hoy me mira con la más dulce ignorancia. La misma que en mis ojos habitaba cuando con tres añitos la vi nacer. Era tan chiquitita que parecía un juguete. Y hoy al recordarla tan diminuta y delicada aún se me saltan las lágrimas. Me asaltan recuerdos de toda una infancia unidas, enseñándole a patinar, paseando de la mano, contándonos mil secretos y millones de historias... Ella siempre con sus dos coletitas, de las cuales colgaban con gracia miles de tirabuzones del color de la miel. Recuerdo cómo con su aguda voz reía, y lo feliz que le hacía con simplemente comprarle unos dulces. 
Pero hoy nada sigue igual. El efecto del tiempo ha pasado por ambas. Sus ojos color praliné se ven adornados por una fina línea negra que repasa todo su contorno, y los graciosos rizos han sido sustituidos por unos cabellos lisos. Mi niña se ha hecho grande. En su mirada veo reflejadas mis pupilas inundadas. Todos esos años juntas acaban de pasar como un relámpago por mi mente, y ella lo ignora. Me apresuro a sonreír, la abrazo y le pido que confíe en mí para cualquier cosa por insignificante que sea. La acompaño hasta la puerta, conteniendo mil palabras que desearía decirle en ese instante. Finalmente suelto un “Que te diviertas, y ten cuidado”. Ella se gira y me sonríe. Contesta: “Siempre”, y la miro alejarse, mientras imagino las cosas horribles que le pueden suceder mientras no esté conmigo... sin embargo ella es feliz, y en todo caso yo también debería sentirme así.
Sin embargo, otra sensación me invade en ese instante: Siento que he de cuidarla con todo mi empeño, y quererla como a una hermana. Es mi niña, y como ella no hay otra.


Carmen Rodríguez García

lunes, 5 de noviembre de 2012

Tus ojos...


Oír tan solo a tus ojos , pues el corazón habla demasiado bajo. (Mi cuaderno)

Gonzalo Otero García